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Modelo. Lupita nació con el Síndrome de Down y lleva una vida completamente normal. Trabaja en la Unidad de Salud de San Jacinto, le gusta nadar, divertirse,... como cualquier joven “Recibió clases de cocina, un almuerzo bien lo prepara ellaâ€, comenta su madre. Lupita es una buena nadadora y sus primeros ahorros ya los destinó a un televisor de plasma.
Fue en tiempos del ex ministro de Salud, Eduardo Interiano, cuando la oportunidad de su primer empleo tocó la puerta de su casa. Los padres de Lupita recuerdan que su hija era ya entonces una persona preparada. Por eso no les extrañó que cuando la joven terminó la prueba les dijo que había estado bien fácil. “Le dieron una cita y le examinaron para ver si estaba calificadaâ€, explica Lilian,maestra de profesión. Lupita siente una especial admiración por sus hermanas, Ingrid, la mayor, y Florence, la pequeña. Cuando la mayor viene de Europa, donde estudia un doctorado, salen juntas a comer o a bailar a alguna discoteca. Enmedio de los expedientes clínicos de la Unidad de Salud de San Jacinto, una llamada de celular interrumpe la conversación. Es sumadre para decirle que no olvide que cuando salgan de trabajar irán al gimnasio. La joven sonríe algo apenada. Héctor y Lupita pertenece al selecto grupo de personas con alguna discapacidad que lograr incorporarse, muchas veces a base de tesón, al mundo educativo y laboral. Este último, el acceso a un empleo, fue el punto principal de agenda en un congreso realizado hace una semana sobre legislación e inserción laboral, organizado por la Red Iberoamericana de Entidades de Personas con Discapacidad Física. El apoyo a la capacitación de este sector y la no discriminación fueron algunos de los temas tratados. Todos con un mismo fin: que los casos como Lupita y Héctor dejen de ser la excepción en una sociedad que excluye a esta población.
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